fraude

Annus horribilis

Lamento no poder felicitar a nadie el próximo año 2015.

La razón es que, ni vamos a mejor, ni se columbra mejoría.

Tenemos el más execrable de los gobiernos, que ha conseguido superar la natural estulticia del anterior con las más perversas políticas cuyas consecuencias son y serán catastróficas. Como principales responsables de nuestras actuales y futuras desgracias y pesares, no deberíamos consentir que salgan impunes.

La propiedad intelectual es un concepto absurdo: no se puede poseer nada inmaterial. Es un esperpento caduco de tiempos remotos que sirve de disculpa para imponer una ley medieval y autoritaria que el día 1 de enero proyectará nuestro país a cotas democráticas similares a las de Corea del Norte, China o Cuba.

Para alcanzar los niveles de censura y autoritarismo "bolivariano" no necesitamos a Podemos, basta con dejarle hacer impunemente a este gobierno despreciable y emético. Por mencionar sólo algunas de sus virtudes.

Imposturas en la "ciencia"

Salvando el hecho de que el símbolo de porcentaje se utiliza principalmente para documentar la impostura, cuando no se presenta con precisión decimal cabe esperar que lo que se desea transmitir es una aproximación razonable. En este sentido hay que contemplar el principio de Pareto o regla del 80/20.

Este principio establece una relación inversa entre una población y una propiedad en proporción aproximada de 80 a 20. Así, aplicándolo se puede aventurar que el 20% de los clientes proporcionan el 80% de los ingresos de una empresa, por ejemplo.

Podemos pensar en multitud de casos donde veríamos confirmado este principio con razonable precisión, aunque también encontraremos casos en que la aproximación no será tan aceptable. Probablemente en una proporción de 80 a 20.

Hay quien sostiene que la Revelación de Sturgeon es una especificación del principio anterior. En cierto sentido puede considerarse así, puesto que ajusta el porcentaje al 90% en cualquier conjunto con respecto a su cualidad de "basura" (crap). Para evitar confusiones, acotaremos este concepto como equivalente al de ruido en cibernética.

En buena lógica, ambos principios no pueden ser ciertos simultáneamente, pero no es difícil concebir una suerte de equilibrio dinámico de modo que podamos formular un principio unificado: "El ruido en un sistema tiende al 90% a menos que se reduzca activamente, pudiendo así alcanzar el 80%".

Pero ¿qué sucede cuando la intervención persigue incrementar el ruido? Porque podemos comprobar que estamos rodeados de gran cantidad de sistemas cuyo propósito es precisamente distorsionar la señal, entorpecer la comunicación, desinformar y manipular.

Esto es particularmente cierto en las áreas del conocimiento con base simbólica, es decir, cuyo nexo con la realidad fisicoquímica (o biológica) no es directo. Como es el caso de la política, por ejemplo, donde la proporción de ruido se antoja a menudo superior al 100% por el afán con que se procura.

También sucede así en el resto de las "ciencias" sociales: Historia, Sociología, Psicología...
De las imposturas en esta última trata la noticia de que "Un aficionado desmonta la millonaria industria de la ‘ciencia de la felicidad’".  Confieso que es ésta una industria que desconocía en sus detalles, aunque su tufillo familiar evoca la ancestral práctica de timadores y embaucadores.

Tanto es así que vemos un corolario adjunto: "Hasta el 95% de la investigación en psicología pueden ser falacias sin rebatir". Alcanzamos aquí la cifra del 95% como un compromiso entre en "desmadre" y la "contención" de la pretendida "ciencia" psicológica.

Con esto podemos completar el principio unificado: "El ruido en un sistema tiende al 90% a menos que se reduzca activamente, pudiendo así alcanzar el 80%, o se incremente activamente, pudiendo así alcanzar el 99%".

¿Y por qué no el 100%? Pues porque hemos de dejar su espacio al azar, la incompetencia y otros imponderables.
 

Pintado con los dedos

Sigue el fin de la fiesta.

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