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Ciencia y religión

La editorial que publica el último libro de Hawking ha usado el viejo gran truco para promocionar gratuitamente su próxima aparición en las librerías. Para ello se ha servido de los intereses coincidentes con el amarillismo omnívoro de la prensa. Unos por tirios, otros por troyanos, se hacen eco de las contestaciones desde los distintos frentes que se consideran aludidos por las filtraciones escogidas.
 
Al parecer, todo el desencadenante se resume en la sentencia "No es necesario invocar a Dios como el que encendió la mecha y creó el Universo".
 
Esta declaración, que sólo dice lo que dice, ha sido interpretada con desigual aunque limitada pericia por representantes de las religiones mayoritarias. Esto es lógico, cada cual defiende su negocio y, como se contemplan con gran indulgencia legal los métodos y fines de las diferentes confesiones, pues no pasa nada.
 
Desde otro sector, el de ciertos presuntos científicos hábilmente selectos, se defiende la compatibilidad entre la ciencia y la religión. Esto ya es más preocupante, y por eso hay que decirlo y lo diré bien clarito para que se me entienda: el conocimiento científico es, no sólo incompatible, sino que se opone al "conocimiento" religioso. Más exactamente, cualquier "conocimiento revelado" es excluyente y se opone a cualquier otro tipo de conocimiento, sea científico o revelado. Es elemental e inevitable, por mucho que se quieran disfrazar de compatibles y maquillar con alianzas de civilizaciones.
 
Así las cosas, al grupo de críticos religiosos se suman los científicos creyentes. La pregunta es: ¿cómo es posible que un científico sea creyente? Bien, esto es posible porque un científico es una persona, un aglomerado de yos que no tienen por qué congeniar en principio. De hecho, lo común es que no lo hagan, por lo que casi todos dedicamos, a lo largo de nuestras vidas, mucho tiempo y recursos a perseguir una conciliación impracticable.
 
Se llama científico al que se dedica a una actividad de naturaleza científica. Esto implica el dominio de un conjunto limitado de técnicas y conocimientos que, en su especificidad, no tienen por qué entrar en conflicto con el paquete de revelaciones aceptadas por el creyente. Si no se mira en suficiente profundidad, puede que no se alcance ningún punto conflictivo. Si el conflicto se impone, se resuelve como cualquier otro conflicto, con los mecanismos psicológicos de bricolage identitario: mirando hacia otro lado, construyendo fábulas de “orden superior”, fabricando “pegamentos místicos”, etc.

El hecho es que, cuando el científico habla como creyente, no habla el científico sino el creyente, razón por la cual todo el discurso carece por completo de validez científica. Es una perversión común, no sé si moderna o de toda la vida, del esfumado de autoridad entre roles de diversa competencia: un músico o un actor pueden ser competentes en su profesión, pero esto no añade un ápice de autoridad a sus opiniones y competencias en cualquier otro ámbito. Exactamente lo mismo que le sucede a cualquier científico.
 
Por lo tanto, al más competente de los científicos, cuando hable de religión se le debe presuponer exactamente la misma competencia que cuando hable de fútbol, por poner. La competencia no se “contagia” desde un ámbito a otro.
 
Con respecto a las declaraciones de Hawking, creo conveniente puntualizar, por una parte, que lo que realmente sostiene es que no es necesario recurrir a ningún agente místico para explicar el Big Bang a la luz de los actuales conocimientos cosmológicos, y, por otra parte, que sus afirmaciones, realizadas en el área de su reconocida competencia, sólo pueden ser justamente discutidas y criticadas en ese mismo contexto: discutir enunciados de cosmología científica desde la religión es como cuestionar diagnósticos médicos según aparezcan las cartas de una baraja de tarot.

Conciencia planetaria

Fue entonces cuando los Dinosaurios, reunidos en Asamblea, decidieron limitar sus emisiones de CO2 (y CH4).

Ingnorante discípulo

- Maestro ¿qué es más fuerte, el amor o el odio?
- ¿Qué me preguntas, insensato? ¿No sabes qué es más fácil destruir que construir?

La Edad de Oro

En aquellos tiempos, los hombres eran más listos: sabían que eran ignorantes.

La sociedad de la Incultura ¿Cara oculta de la sociedad del conocimiento?, por Gonçal Mayos

En La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos. Se puede descargar desde la página de La Segunda Edad Contemporánea.

Según el autor, es una gran paradoja que, paralelamente a la sociedad del conocimiento, se desarrolle una sociedad de la incultura, pero creo que no hay paradoja donde lo que sigue es una consecuencia inevitable: Ya he dicho que la distribución de rasgos en una población por lo común se ajustará a una distribución normal.
A continuación plantea que “si la mayoría de la población no puede interiorizar tal conocimiento general, resultarán altamente problemáticas sus decisiones políticas a través del voto y la participación democrática”. Lo que se cuestiona es la viabilidad de una organización democrática con ciudadanos sin un bagaje cultural suficiente.
Tras una repaso a los riesgos y problemas para la democracia en una sociedad de la incultura, Mayos alerta sobre debates ciudadanos basados en “prejuicios y posiciones emotivas muy infundadas” y le parece que definitivamente triunfan “los científicos, ingenieros y tecnólogos por encima de los humanistas y filósofos”. Esto no tiene por qué ser malo, los humanistas o filósofos no garantizan la arribada a mejor puerto.
La conclusión, "optimista", es que estamos abocados a “lo que los griegos clásicos llamaban «idiotez»” y que el autor denomina “alienación postmoderna”.
Bien, cierto que el problema está ahí, pero creo que ha existido siempre, siendo la variante “postmoderna” una versión coyuntural del mismo viejo tema eterno.
Peor aún a que los ciudadanos sean ignorantes y se dejen llevar por prejuicios emocionales es que lo hagan los gobernantes y la “casta” que se dedica a la política, que no se caracteriza precisamente por unas virtudes loables.
Creo que estamos condenados a agregar un nuevo capítulo al “Colapso” de Jared Diamond, a menos que modifiquemos sabiamente nuestro modelo de civilización global, asumiendo que hay aspectos en los que la vuelta atrás no es posible. Hay que advertirlo en tiempos en los que se reedita la historia y se corrige la realidad con la “pseudomántica”.
El problema es ¿dónde están los sabios? ¿Dónde los justos? Y ¿de qué serviría que los hubiese, si somos incapaces de reconocerlos?

La sociedad del desconocimiento, por Daniel Innerarity

En La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos. Se puede descargar desde la página de La Segunda Edad Contemporánea.

Comenta Innerarity que la ciencia transforma la ignorancia en incertidumbre y que el saber en relación a sistemas complejos no permite previsiones fiables. Argumenta que, hasta ahora, el modelo de conocimiento era acumulativo, pero que el actual aumento del saber va acompañado de un aumento “más que proporcional” del no-saber. Todo eso hace difícil para la sociedad distinguir entre quién sabe y quién no. Por eso se aplica, con relación al cambio climático, el “principio de precaución”, que puede considerarse una variante de la apuesta de Pascal, una sacralización de la ignorancia como justificación de la toma de decisiones (políticas).
Paralelamente, afirmar que "la sociedad del conocimiento ha acabado con la autoridad del conocimiento" parece señalar una paradoja, pero creo que, ni la autoridad del conocimiento estuvo nunca universalmente determinada ni aceptada, ni ahora se han multiplicado excesivamente los productores de conocimiento "autorizados".
Concluye el autor afirmando que deben "desarrollarse estrategias cognitivas para actuar en la incertidumbre. Entre los saberes más importantes está la  valoración de los riesgos, su gestión y comunicación. Hay que aprender a moverse en un entorno que ya no es de claras relaciones entre causa y efecto, sino borroso y caótico".
Independientemente de la conveniencia del desarrollo de nuevas "estrategias cognitivas" para afrontar la complejidad, creo que hay que resaltar el hecho de no ha cambiado el mundo, sino nuestro conocimiento de él, y que además, el incremento del conocimiento es, por su misma naturaleza, exponencial.
Voy a intentar explicar esto de manera simplificada: podemos considerar que existen dos formas de conocimiento: el "descubierto" y el "inventado". Lo "descubierto" es próximo a "lo real"; lo "inventado" es "construido" por el hombre. Independientemente de la cadencia con la que se produzcan descubrimientos, ésta será menguante en su proporción con la creciente cadencia en la "fabricación de inventos".
Desde mi punto de vista no hay nada especial en el tipo de problemas percibidos por el autor ni en las estrategias sugeridas para acometerlos. Al fin y al cabo, son sólo aspectos puntuales de una complejidad inevitablemente creciente.

La sociedad de la ignorancia. Una reflexión sobre la relación del individuo con el conocimiento en el mundo hiperconectado, por Antoni Brey

En La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos. Se puede descargar desde la página de La Segunda Edad Contemporánea.

Dice Antoni Brey en la introducción que "es necesario establecer un criterio claro que permita discernir qué tipo de acontecimiento constituye una singularidad en la evolución de nuestra especie", que se distingue por "una inteligencia que se manifiesta en dos facultades fundamentales: la habilidad para manipular nuestro entorno y la capacidad para comunicarnos de forma simbólica". Creo que ambos criterios se han expresado de forma inexacta. En primer lugar, todos los seres vivos manipulan su entorno, hasta el punto de recrearlo o destruirlo. No es ésta una característica específicamente humana, sino común a todos los sistemas biológicos. Como ejemplo, consideremos que organismos tan primitivos y simples como las cianobacterias, además de fabricar estromatolitos, han liberado la práctica totalidad del oxígeno atmosférico. Podríamos seguir con infinidad de ejemplos, porque la premisa cibernética es que no hay organismo sin entorno y viceversa, en una mutua redefinición dinámica. Para señalar con precisión la diferencia, habría que especificar que la manipulación del entorno es de segundo orden, de naturaleza tecnológica. Así, cuando se habla de "los saltos cualitativos en las habilidades para manipular el entorno, es decir, en la capacidad humana para dominar la naturaleza, tales como el control del fuego, la invención de la agricultura, el descubrimiento de los metales, la revolución industrial o el surgimiento de las actuales tecnologías de la información, han cambiado de raíz nuestra organización social y nuestra forma de interpretar la realidad", se habla de desarrollos y avances tecnológicos. También se podría discutir si la comunicación simbólica es exclusiva de nuestra especie, dependiendo de cómo definíamos el símbolo. En cualquier caso, podemos aceptar que el hombre es un versátil especialista en el uso de tales habilidades. Ciertamente, la comunicación simbólica, desde la aparición del lenguaje, se ha desarrollado con la escritura, la imprenta y los medios de comunicación (televisión, teléfono, servicio postal, Internet…), es decir, con el desarrollo de nuevas tecnologías.

En resumen, la tesis de Brey es que la esperanzadora utopía de una sociedad del conocimiento ha degenerado en una sociedad de la ignorancia porque el volumen de datos que se producen y la falta de capacidad crítica conducen a la “infoxicación”, una dificultad creciente para discriminar lo importante de lo superfluo y para seleccionar fuentes fiables de información. Por otra parte, la televisión, de prometedora herramienta educativa, se ha quedado en “maquina de evasión y entrenamiento pasivo”, mas próxima a la máquina opresora orwelliana, y que embrutece analfabetos funcionales generando un “comunitarismo autista”. Tampoco ve la solución desde la educación, porque “pretender eliminar la ignorancia a través del sistema educativo propio de la Sociedad de la Ignorancia es una paradoja irresoluble”. Además, la tecnología y el conocimiento al acceso de todos, más que fomentar la igualdad es la causa de nuevas formas de desigualdad. El panorama previsto no es demasiado optimista, porque anticipa una disolución del individuo pensante en la masa de una sociedad ignorante.

Desde mi punto de vista, el análisis de Brey rodea la naturaleza del problema: describe una tendencia y la extrapola, pero no la explica. Las causas del problema son dos: la primera es que somos diversos. Como en cualquier población, los rasgos diferenciadores se distribuyen de forma próxima a una curva normal. Todos los rasgos. Regalar libros, bolígrafos, televisores o lo que sea de forma equitativa no va a cambiar esta distribución por otra más uniforme o plana. La segunda es que somos cada vez más: la población crece sin control. Enriquecer el medio, proporcionar a todo el mundo dispositivos de procesamiento de información, no va a limar diferencias por la sencilla razón de que todas las máquinas, por su naturaleza, amplifican en su salida la señal de entrada. Es decir: del mismo modo que una palanca amplifica la fuerza que se aplica en el brazo de potencia, los dispositivos de proceso de información “amplifican” la capacidad de las personas que los usan. Estos dispositivos no son mágicos, no crean de la nada. El popular “de donde no hay, no se puede quitar” tiene su adaptación informática en la expresión “garbage in, garbage out”.

En conclusión, no es que haya fracasado el proyecto de una sociedad del conocimiento, es que nunca existió tal posibilidad. Por otra parte, esperar que al aumentar la cantidad de señal no vaya a aumentar proporcionalmente la cantidad de ruido es una ingenuidad. Finalmente, negarse a aceptar que el incremento del deterioro del medio es consecuencia directa del incremento de la población puede llevar a creer que es posible mejorar el medio social en un proceso independiente. Otra ingenuidad.

La peor pesadilla

Y entonces... desperté.

Timos y estafas

No me cansaré de repetirlo: todo lo que se vende mediante "teletienda" y espacios publicitarios similares es una estafa. Por si no ha quedado claro, insisto: una estafa. Deberían estar prohibidos. Podemos preguntarnos suspicazmente por qué no lo están, pero la respuesta es muy obvia.

No me cansaré de repetirlo: todos los "servicios" telefónicos que se anuncian en televisión son un timo. Desde el tarot a los politonos. Por si no ha quedado claro, insisto: un timo. Deberían estar prohibidos. Podemos preguntarnos suspicazmente por qué no lo están, pero la respuesta es muy obvia.

No me cansaré de repetirlo: todos los servicios de mensajería y votación por televisión son una estafa. Da igual el programa o la cadena. Por si no ha quedado claro, insisto: una estafa. Deberían estar prohibidos. Podemos preguntarnos suspicazmente por qué no lo están, pero la respuesta es muy obvia.

No me cansaré de repetirlo: todos los "concursos" y "sorteos" con los que se rellenan horas muertas en televisión, sobre todo por la noche, son un timo. Por si no ha quedado claro, insisto: un timo. Deberían estar prohibidos. Podemos preguntarnos suspicazmente por qué no lo están, pero la respuesta es muy obvia.

El académico deslenguado

Reconozco mi debilidad por este fascinante sujeto y por eso voy a recomendar su página, aunque admito que no es la literatura, ni mucho menos la novela histórica, una de mis aficiones. Me interesa mucho más la ciencia ficción, pero de eso ya hablaré en otro momento. Ahora me refiero a Arturo Pérez-Reverte, el académico deslenguado. En la página podemos encontrar sus "Patentes de Corso", contribuciones al XLSemanal que a día de hoy suman la friolera de 527. No todas son geniales, pero las que son, son. Esta es la lista con mis preferidas entre las últimas:

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