La sanidad en Galicia

En el periódico de hoy vienen dos noticias sobre la salud que invitan a una relajada reflexión:

Esos ojos de adivina quién

Sería la perfección

Si no tuviese versiones tan buenas como la acústica

El sueño del caballero de la triste figura

Un tema clásico revisado

Mujer rica, mujer pobre

Sé que hoy me estoy arriesgando al desafiar las más procelosas corrientes imperantes, pero no me importa, creo que lo que tengo que decir debe ser dicho.
El detonante, como en otras ocasiones, ha sido un artículo de opinión de Roberto Blanco Valdés en El Ojo Público de La Voz de Galicia titulado “Fotografiarse desnudas, lamer escupitajos”.

Destaca Roberto tres noticias de la edición de la víspera, dos de las cuales ya conocía y me habían inspirado una reflexión en el mismo sentido que señala. Pero al leer sus palabras impresas me desbordó una vorágine que me obliga a expresarme perentoriamente, porque no estoy de acuerdo con su enfoque “blando” y “comprensivo” cuando concluye “aquí, las mujeres luchan”… mientras que lo que les sucede a las mujeres en el mundo de más allá,  pues “Esa es su desgracia. Y es nuestra vergüenza”.

Lo que revelan las tres noticias podría reducirse al contraste entre dos culturas, entre dos formas de entender la vida o la sexualidad, pero no lo creo así. No voy a calificar las posiciones de las “víctimas” de los hackers ni de la parca reivindicadora, puesto que el mejor sentimiento que inspiran ni siquiera es compasión, sino vergüenza. Porque no sólo es para nuestra vergüenza la desgracia de las mujeres hindúes, musulmanas, etc. También es una vergüenza el comportamiento y los métodos de las occidentales que se proclaman “luchadoras” por la “igualdad” y la “liberación” desde sus privilegiadas circunstancias. Porque tal proclamación no exime de la necesidad y la obligación de comportarse con una cierta sensatez y de asumir responsablemente las consecuencias de la propia negligencia, ignorancia o frivolidad.

En brutal contraste, la joven “india” se merece toda mi admiración y respeto por su libérrima ostentación de dignidad.

Y me pregunto ¿Dónde están las voces de quienes luchan en su defensa?

Es triste vivir en un mundo en el que conductas de tan diferente cualidad son compensadas de maneras tan contrastadamente injustas.

Cambio de tema e verbigratia digo

Aunque finalmente he elegido esta versión, la de la Orquesta Clásica del Reino de Aragón con el Orfeón Donostiarra me ha hecho dudar bastante.

"Algo" no podía faltar

George pedía lo imposible

La más dura de las palabras

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