Vulgarización plus

Para la baraja, bastan cuatro palos. Para el Apocalipsis, llegan cuatro jinetes. Para la vulgarización, contaba con cuatro categorías: filosofía, ciencia, paraciencia y medicina (o salud). Había galardonado a tres: Eduardo Punset, Antonio Marina e Iker Jiménez. Tenía dudas con la cuarta categoría, aunque Eduardo Estivill acaparaba muchas nominaciones.

Algún deslenguado sostiene que en este país no cabe un tonto más. Se equivoca. La capacidad de nuestro país para la estulticia es inconmensurable. Los necios, como setas tras la llovizna, no pierden ocasión de asomar entre la maleza. Tengo pruebas: encienda la televisión.

Durante un tiempo me desentendí de la empresa, pero algo me ha provocado: se ha publicado recientemente un libro que se propaga como sólo los tóxicos pueden. Se titula "Todos los niños pueden ser Einstein". No sé quién es responsable de un título tan infortunado, pero lo que proclama no es cierto. Es, además, peligroso. Muy peligroso. Quien enuncia no es, evidentemente, Einstein. Se puede presumir sin riesgo alguno que no tiene la menor idea de lo que significa ser Einstein. Es, por tanto, un charlatán, un fraude. Y lo proclama en el título. No hace falta más, ni siquiera abrir el libro. Porque el concepto es muy peligroso. Los conceptos del estilo "Tuyo es el control, tómalo, es muy fácil" son más peligrosos que el tabaco. Excepto, tal vez, para el autor del libro que, con la joya de país que tenemos, probablemente acabe haciéndose rico.