Pare aquí, por favor, que me bajo

Ya he tratado este asunto, pero la noticia de que "El CIS sitúa a Podemos como tercera fuerza política" confirma los augurios. Vivimos inmersos en una situación compleja, policontextural, cuyo análisis escapa a la comprensión cabal incluso de los expertos. Es posible, empero, delinear tendencias generales. Por ejemplo, se puede asegurar que "podemos" no es una serpiente de verano, sino más bien un idolillo con pies de barro. Pero no se derrumbará sólo, ni mucho menos por causa del mejor control de los tiempos. Es necesario enfrentarlo. No combatirlo, porque eso conllevaría atribuirle una importancia de la que adolece. Pero sí plantarle cara para impedir que maniobre a su antojo, exponiéndolo a una dialéctica en la que, más pronto que tarde, trastabillará y se derrumbará como lo que es: un erial cognitivo.

La cuestión sobre las raíces del éxito de una forma tan manida de propaganda podría tener interés si aceptásemos como premisa que el hombre es un ser racional o un animal político, pero no parece ser el caso. El ligero barniz de la civilización no logra disimular su naturaleza visceral, que aflora con el menor contratiempo. Y por eso es tan fácil manipular a la ciudadanía. Por eso y porque ha sido convenientemente educada con ese propósito.

Pero no seamos presumidos, que la irracionalidad no es ni de lejos nuestra especialidad. En todas partes cuecen habas. Tomemos por ejemplo Italia: "La mafia excomulgada por el papa recibe homenajes en las procesiones". Está claro que la expulsión del "Reino que no es de este Mundo" ya no alcanza la influencia de otrora, lo que desvela los auténticos mecanismos subyacentes.

Otro ejemplo, un poco más remoto: "Un millón de dólares por capítulo para los protagonistas de «The Big Bang theory»". Linda paradoja la que otorga sobradamente a los bufones de la ciencia lo que cicateramente se niega a los investigadores de muy superior rentabilidad y mérito.

Queda demostrado que asistimos a un fenómeno global en el que no hay privilegiados. Vivimos en una sociedad enferma que supera cotidianamente su decadencia de la víspera. Y lo terrible no es siquiera si el problema tiene solución. Lo trágico es que, probablemente, ninguna solución sea aplicable.